Prepago o pospago: El mercado de la telefonía en México, y el mundo, es uno de los que ha tenido mayor crecimiento sostenido en las últimas dos décadas. Operadores de telefonía celular y fabricantes de teléfonos celulares y smartphones tienen una opción de negocio en auge, pues el grueso de la población hace uso de sus servicios, tanto para estar en comunicación, como para conectarse a internet y estar presente en redes sociales, comprar productos/servicios, entre muchos otros.

La telefonía celular llegó a México por ahí de los años 80. Su antecedente, el teléfono de coche no despegó tanto como lo hiciera la telefonía celular, sobre todo porque era para gente de muy alto nivel socioeconómico. Y, aunque al principio, la telefonía celular también lo era, esto fue cambiando por la necesidad de llegar a un público ávido de tener esta tecnología y que no podía pagar los altos costos de un plan mensual de las marcas de élite de ese entonces, y que eran las que realmente ofrecían el servicio.

Y es que así fue la entrada de la telefonía celular a nuestro país, de la mano de Iusacell y sus planes de pospago. Si la gente deseaba tener un teléfono celular debía pagar por él y por el servicio cada mes, y esto sólo era posible para la gente adinerada. Con la crisis de 1994, compañías como Telcel dan un giro a la moneda y lanzan los programas “prepago”, con su Plan Amigo de Telcel, que le dio a la posibilidad a un grueso de la población de aspirar al servicio y, además, tenerlo. Con el paso de los años también nació la Recarga Electrónica de tiempo aire, facilitando a los usuarios el como prepagar su saldo.

Hoy, ya es mucho más común que las personas hagan uso de un plan pospago, aunque muchas otras siguen prefiriendo manejarse a través de recargas electrónicas de tiempo aire. Pero ¿cuál es la mejor opción? En realidad, depende de las necesidades de cada persona y de las posibilidades que tenga.

Se sabe que los usuarios de pospago suelen tener un “ticket más alto”, es decir gastan más porque su demanda de datos es mayor; su pago es mensual, así que, aunque tengan un menor consumo en un mes que en otro, seguirán pagando lo mismo, pues se trata de una tarifa fija que firma al hacer su contrato. También suele suceder que, a través de esta modalidad, el costo del equipo a contratar se reduce. Aunque no siempre es así.

Los planes de prepago, por su parte, permiten al usuario tener un mayor control de sus gastos y de la inversión que hace en la compra de tiempo aire. El equipo finalmente ya es suyo y puede cambiarlo cada vez que lo desee sin tener que cumplir con plazos forzosos. Esto aplica también en el tiempo que debe estar pagando por un plan, pues él decide cuánto dinero quiere disponer para cada recarga electrónica, sin suponer un monto fijo mensual. Lo cierto es que en este sentido, el equipo lo debe pagar en una sola exhibición.

Por otro lado, y cabe resaltarlo, un plan en prepago es accesible para todo tipo de público, incluso para menores de edad que no cuentan con un historial crediticio o un empleo que solvente el pago de un plan de renta, en el que generalmente se pide una tarjeta de crédito para poder hacer un contrato a 24 meses (por lo regular). El prepago es de fácil acceso para estudiantes, amas de casa, personas de la tercera edad y un largo etcétera, y las recargas electrónicas las puede realizar incluso en la tiendita de la esquina.

Como sea, ambos tienen sus respectivas ventajas y será decisión del cliente saber si se queda con uno u otro. Lo importante será que siempre esté conectado e interactuando a través de su dispositivo móvil, pues es así como la modernidad y la vida actual lo exigen.